Viernes, 17 Agosto 2018 00:00

El Jardín en Estepona

OPINIÓN

Compartimos en esa sección la opinión de uno de nuestros socios, Javier Gracia Loriente:

Tendemos a confundir ¿ Que es un jardín?

Recibí un regalo de Navidad en forma de felicitación que versaba: " La vida es eso que pasa mientras estamos haciendo otras cosas" .

Si la forma más depurada para entender una civilización y las personas que en ella existieron o existen en la actualidad, es, a través de sus jardines, eso, fue exactamente lo que deparó nuestro ultimo y excepcional congreso, donde hemos tenido la suerte de comprobar cómo la potencia de la palabra, ha ocultado con su vuelta a una ciudad los usos y tópicos acuñados y articulados en el discurso de la modernidad.

El Jardín, exclusivo del habitar, intrínseco al lugar, creación de las personas que hacen humano al lugar frente al vacío existencial, el jardín de paisaje frente al telón de fondo medieval al que lo retornó el vacio arquitectónico de la época moderna en su lucha contra el sentido existencial del jardín.

Asistir en tres actos a una lucha épica por su supervivencia, nos deparó una batalla escondida, real y constante en el tiempo desde la antigüedad, como vemos en la lucha entre el ágora y el jardín de Griegos y Persas como dos maneras de entender el mundo, entre el espíritu religioso Medieval y el Renacimiento, entre el Barroco y el Paisaje, y en última instancia entre el jardín y la presión de las maquinas de la época moderna contra el jardín en forma de paisaje, como fenómeno cultural subjetivo que se elabora a partir de lo que se ve y no como una cosa. Batalla que se resume, como bien explica Javier Maderuelo "en su lucha por lo pintoresco como cualidad formal de lo pictórico, es decir, a valores plásticos como el cromatismo, la luces, las sombras y las texturas en contraposición a lo dibujistico, al que pertenecían las líneas, las siluetas, y las formas definidas" . Y es por esto que la mayoría de jardineros no pueden superar en la actualidad la imitación de lo real.

La idea de jardín es, quizá más antigua que la de la ciudad, Eduardo Prieto dixit, "pero la palabra que usamos hoy en día para referirnos a ella es mucho mas moderna y proviene de la palabra francesa “jart” propiamente <<huerto>> que a su vez proviene del Francisco “jard” <<cercado o seto>> y debe ser entendido en su propia temporalidad, que le confiere, en palabras de Rosario Asunto, "un carácter distinto absolutamente a los lugares de la experiencia humana", que tuvo su primer ataque moderno con el cambio en la hibridación que sustituyo la palabra por el compuesto zona verde, posterior infraestructura verde, como si de un anacoluto, un oxímoron, del pensamiento actual se tratase, un deseo dominado por la falta de verdad objetiva en el discurso que necesita articular las palabras, para reforzar su deseo, sin advertir que en última instancia, las palabras, también sirven para mentir.

¡La época moderna en que vivimos!, que miramos y pensamos, en la que vemos como tras un largo proceso de explotación de la naturaleza en una clara superioridad técnica sobre todo lo existente y en especial sobre lo más débil , esa naturaleza, últimamente buena, solo en cuanto a idea y trasformada en un mero fondo, sobre el que suceden las cosas humanas del capital.

Y esto lo comprobamos en tres actos, que pasaron ante nosotros como si de un gran teatro nuestra existencia se tratase.

Fue ante la ausencia de un significado unívoco de la palabra jardín por esta falta de verdad objetiva como, las primeras ponencias del día, desplegaron toda la potencia de la idea que nuestra sociedad actual tiene de algo nombrado como jardín pero que no pasa de zona verde. Es, esta batalla por el relato, entre lo real y lo imaginado, la opinión es el hecho alternativo. Es, la opinión y no la verdad la que mueve el sector a nivel mundial y la que elige las verdades que no resisten la crítica más elemental, que vuelve a ser una mala tramoya de teatro, que utiliza la palabra para engañar la historia. Que sigue pensando en un discurso vacio, plagado de intereses humanos, que podemos manejar el universo a nuestro antojo.

Pero, los malos presagios cambiaron de repente, el anuncio de la ponencia inaugural el día anterior se vio refrendado por las exposiciones, que tenían como centro la ciudad de acogida. Resulta difícil encontrar ese brillo en los ojos de quien está convencido de estar creando un jardín, de quien sabe de qué habla, que refleja esa manera quijotesca de amor, de los pocos jardineros que quedamos, confrontando nuestros sueños enamorados de esa realidad simbolizada en las ponencias y visitas posteriores, y que produjeron una leve sonrisa en mi, en el recuerdo de Asterix y su aldea contra todo el poder del imperio Romano.

Pero fue el segundo día, cuando las ponencias tuvieron un primer nivel mundial de gran calidad, con esa jardinería con apellidos que congrega a miles de personas cada año, porque, como bien explicaba Michel Baridon, el automóvil, dócil instrumento del turismo democratizado, hace de ellos una meta excursionista fácil de alcanzar. Entonces, cuando escuchamos, esos jardines de tulipanes, efímeros, del pensamiento, de los pecados capitales de... que podríamos llamar, de falta de verdad objetiva, cuando vimos el reflejo que atenaza nuestra existencia, y nuestra sociedad.

Mis pensamientos entonces, pasaron al segundo plano y yo, ya no estaba allí , recordaba con otra sonrisa, el primer día que fui a la playa de pequeño, con mis padres en Barcelona, demasiado lejos y distinta de mi lugar de nacimiento , aquel día, acabe rebozado en arena y olor a mar como el día anterior acabamos impregnados del jardín, al que ya, quería volver, de sus calles y plazas, a hablar con su gente, a contemplar sus murales, a leer sus poemas, a oler sus flores , a volver a entrar a su Orquidario y apreciar los matices que aprendimos, a degustar su comida, a ensoñar con su mar...

Un momento maravilloso, apenas ese instante, por el que la humanidad hace jardines a lo largo de su historia, que se ven reflejados, no solo en el medio físico, también en sus pinturas, en la literatura, en la poesía, en la filosofía, en esa añoranza que nos hace sentir el paso de la vida, para poder alcanzar la felicidad.

Y tuvimos que venir aquí, a un jardín basado en la armonía, que busca ese difícil equilibrio entre belleza y verdad, a esa música fluida que nos transporta a ese segundo infinito por el que vivimos y que da sentido a la posibilidad de realizar un sueño para hacer la vida interesante, a ese lugar al que todos queremos volver sin darnos cuenta, a esa vida real y no en la que estamos haciendo otra cosa.

 

La Asociación Española de Parques y Jardines no se hace responsable del contenido de las opiniones personales de sus socios. 

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